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EL BENEFICIO DE SERVIR (Parte 1). xD

Escrito con máquina de escribir Olivetti Studio 46 (1992)










Escrito con máquina de escribir Olivetti Studio 46 (1992)
Y caminó durante mucho tiempo hasta que pasó un microbús al cual se subió. Y de este modo pudo ver el avance gradual del sol desde su salida, el aumento del "smog" y de la temperatura aquella mañana, la manera en que también aumentaba el insoportable, abundante y ruidoso tráfico y en la que aumentaba y disminuía la cantidad de gente al interior de aquel pequeño camión, típico de aquella ciudad.

Y alrededor de las nueve de la mañana, cuando el calor había ya derrotado y expulsado al frío en el entorno, Joshua, medio muerto de aburrimiento, distraído y medio dormido, sin querer se bajó del camión en una apartada zona de la ciudad que le recordaba mucho a su vecindario debido a la vegetación, abundante en jacarandas, eucaliptos gigantes y pinos oscurecidos por el “smog”. Un lugar semejante a un bosque al que llaman “La Delegación Xochimilco”. Y ya habiéndose apeado, decidió caminar de nuevo, a orillas del camino, arrepentido de su drástica medida y completamente solo, temeroso de ser asaltado. Rebecca le infundió valor desde sus adentros puesto que ya se estaba arrepintiendo.

Y siguió caminando a través de ese camino tan extraño que le recordaba a Oaxaca cada vez más. Por alguna extraña razón, el “Camino Antiguo al Telyahualco" - decía un letrero - le resultaba muy familiar, como si desde siempre lo hubiera conocido. Ese camino parecía como si estuviese pegado a un cerro, ya que subía y bajaba continuamente, y tenía curvas pronunciadas...

Y no tardó mucho en encontrar una desviación que se internaba en aquel “bosque", y yéndose por ese camino de terracería escondido en el bosque que acababa de encontrar, no tardó más allá de veinte minutos en llegar a una casa que parecía abandonada debido a la mala apariencia de su fachada: Una pared como de seis metros de alto, de color café claro y deteriorado por el paso del tiempo, con un portón para cochera tan alto como la pared, de color blanco y oxidado por el paso del tiempo en algunas partes. Y no tardó Joshua en encontrar un letrero en la puerta donde solicitaban a una empleada doméstica de tiempo completo, cuyo trabajo sería “de planta” (esto es, que viviría en la casa donde tendría que trabajar) De requisitos solicitaban que fuera de sexo femenino, de 18 a 23 años y con 5 años de experiencia, y que preferentemente hablara algún “dialecto” (esto es: idioma autóctono originario de México).

Y sin contar que le parecía demasiado extraño que en una casa tan escondida solicitaran algo así y aprovechando Joshua que hablaba dos lenguas autóctonas - el nahuatl o azteca y el zapoteco del centro de Oaxaca - y que ya estaba vestido de mujer, sólo se volvió a hacer la larga trenza que traía un tanto desarreglada (es lógico que a todos se nos deshace el peinado durante y después de dormir en mayor o menor grado), se cambió la máscara - porque consigo traía varias - y tocó el timbre en la pared a la izquierda de la puerta.

Y gigantesca fue la sorpresa de Joshua cuando vio a la persona que la puerta le abriera luego de insistir cuatro veces y de que le abrieran luego de seis minutos de larga espera: Una voluptuosa chica de la misma raza, altura y color de piel que él, descalza y vestida con un revelador y provocativo traje de baño de dos piezas, tipo “bikini”, de color negro y casi igual a la ropa interior que él traía puesta; su cabello era mucho más largo que el de Joshua, ya que éste llegaba a cubrir su trasero. Y la característica más evidente en esta chica es que tenía los ojos vendados con un pañuelo (llamado “paliacate” en México) de color verde, mismo que le sujetaba el cabello a manera de “cola de caballo”. Esta chica olfateó un poco, y luego le dijo a Joshua “¿Qué quieres, niño?”...

Y a Joshua se le metieron los nervios de inmediato, creyéndose descubierto. Mas notó él que la chica no podía verlo, por lo que fingiendo voz de mujer le dijo que venía por lo del empleo, a lo que ella le contestó que era sólo para sexo femenino y que él, sólo por ser hombre, no podía estar ahí, y comenzó a cerrar la puerta...

Y Joshua, cansado (por el viaje) y desesperado (por su situación) y confundido (puesto que ese bosque de eucaliptos gigantes, jacarandas y pinos oscurecidos le recordaban mucho a Oaxaca, su lugar de origen), se apresuró a detener y a abrir la puerta de nuevo y se hincó delante de aquella chica, y le rogó con su profunda voz de hombre que le permitiera tomar el empleo, y que haría lo que fuera necesario para no sólo conseguirlo, sino para conservarlo. Lo extraño es que esta escena excitó levemente a Joshua, ya que le recordó a cierto video apócrifo pornográfico donde un chico se hincaba delante de una chica dominatrix muy sexy...

“Lo que sea, ¿eh?”, contestó la chica, convencida de que Joshua estaba hablando muy en serio. Y sorpresivamente la chica levantó y acercó a Joshua hacia sí para hablarle muy quedito al oído y decirle que eran sus padres los que querían una sirvienta, pero que lo que ella quería era algo más que un amigo y amante porque no sólo se aburría demasiado estando sola y sin hacer nada más que ejercitarse y practicar a sustituir sus inútiles ojos (razón por la que ella era fornida además de voluptuosa); que ella quería un hombre para ella sola, que hiciera absolutamente todo lo que ella le ordenara y que la complaciera absolutamente en todo; que la amara y no le tuviera miedo, y que se dejara hacer todo lo que ella deseara: Un esclavo real y verdadero, en pocas palabras y en todo sentido. Le dijo también que la única condición para que ella le permitiera tomar el empleo - puesto que sus padres eran muy torpes y descuidados como para darse cuenta que él es un chico, dijo ella - era precisamente que durante la ausencia de sus padres - quienes estaban en esa casa raras veces, dijo ella - él fuera su total y completo esclavo, y que hiciera y se dejara hacer todo lo que ella quisiera. Y le preguntó si aceptaba o rechazaba su oferta.

Y Joshua, viendo a la chica de pies a cabeza una y mil veces, y recordando todas las veces que de pequeño veía esas escenas de “Bondage" y “secuestro" en televisión y en películas caseras o apócrifas que él conseguía y veía para su propio deleite, le dijo que lo que más le gustaba era que lo amordazaran, le vendaran los ojos y amarraran fuertemente y el estar lo más desnudo o femeninamente sexy posible, pero que lo veía muy difícil con alguien como ella. Le pidió que se quitara la venda de los ojos porque quería comprobar que en verdad era ciega, a lo cual ella se negó. Le dijo ella a Joshua que esa venda evitaba que la gente extraña se sintiera incómoda u ofendida, o sintiera lástima al ver sus inútiles y mal hechos ojos, que jamás funcionaron desde que ella nació. También le dijo que eso era de manera análoga a la que él siempre usaba una máscara para cubrir su nariz y boca. Le dijo también que no desconfiara de ella, que estaba segura de qué clase de esclavitud viviría porque sabía que ambos ya la habían presenciado, y que estaba casi desnuda porque ella era capaz de percibir su entorno con el roce del aire sobre su piel y con sus potentes sentidos del oído, olfato, tacto y gusto, y que valiéndose de ello fue como ella logró abrir la puerta sin tropezarse ni equivocarse una sola vez. Le dijo que nadie lo tocaría de manera más sensual y provocativa que una chica ciega cuyo tacto era especial para detectar sensaciones ajenas, y que lo que viviría con ella jamás lo olvidaría.

Y Joshua obviamente no le creyó. Mas como ella tenía a Joshua sujeto por un brazo, de alguna manera pudo notar su incredulidad, a lo cual le dijo molesta “¿Aceptas, ¿sí o no? Estarás amarrado como tamal oaxaqueño muy pronto. ¿O es que no eres de Oaxaca? Estoy segura de que eres un muxe verdadero (Pronúnciese ‘Muu-She’), si no, ¿porqué te vestirías de mujer? ¿O es que tienes doble personalidad y te da pena que los demás lo sepan?”. Joshua se asustó mucho. Ella percibió su miedo, y contestó “Soy medio psíquica y medio mentalista. Con el tiempo te acostumbrarás. Sólo di que sí o que no”. Y Joshua dijo que sí, pero que no era ningún muxe, ya que decirle “muxe” a alguien de Oaxaca centro se consideraba altamente ofensivo en su lugar de origen.

Y así es como inicia la historia de Joshua como esclavo de tiempo completo de una chica ciega y dominante, y mucama de tiempo completo.

Y lo primero que hizo aquella chica fue meter a Joshua a su casa. Para asombro de Joshua, ella lo hizo sin tropezarse ni desorientarse ni una sola vez. Esa casa por dentro era mucho mejor que por fuera: De color blanco y de un solo piso, pero rodeada de un amplio y vasto jardín muy bonito aunque muy descuidado. Una casa que aunque no era ni lujosa ni ostentosa ni reciente, tampoco era exageradamente antigua (aparentemente construida durante la década de los años sesentas) ni exageradamente austera. Una casa grande a la mexicana, mejor dicho. Eran como las once de la mañana cuando Joshua llegó a esa casa, quien por cierto, ya no podía soportar el sueño, el hambre y la sed que se trajo desde Oaxaca porque en su casa rara vez había de comer, rara vez había agua, y rara vez lo dejaban dormir.

Y al entrar a lo que en sí ya era la casa (puesto que la fachada sólo era la barda que rodeaba tanto a la casa como al jardín en torno a ella), Joshua y la chica encontraron a sus padres en la sala, con prisa, haciendo maletas muy nerviosos. Y la chica presentó a Joshua como la candidata a mucama. Sus padres simplemente le dijeron que estaba contratada y que ya podía empezar a partir de ese momento. Que debían partir a atender un asunto fuera de la ciudad y que en verdad desconocían su fecha de retorno a la casa.

Y Joshua no podía creer lo que acababa de escuchar. Ni siquiera le pidieron “referencias”. Se notaba en verdad que les urgía alguien que se hiciera cargo de su casa durante su ausencia, no sólo porque ellos nunca estaban ahí, sino por el evidente desorden y caos en el que vivían sus habitantes. Y contrario a lo que crees, los padres de esta chica eran bastante feos, con las caras y apariencias de los típicos rancheros pueblerinos desertores del arado y del metate, es decir, gordos, viejos, ajados, "prietos", con caras de cansado y de ignorante.
..

Y diez minutos después, los padres de la chica (de mediana edad, de piel morena oscura y cabello negro, pero sin nada interesante) ya se estaban yendo. Joshua, si acaso, les dijo que se llamaba Josie y preguntó en dónde podía quedarse, a lo cual contestaron ellos que su hija le prestaría su propia habitación y que compartirían la cama porque la casa, aunque era grande, solo tenía dos habitaciones. Le dijeron que su hija debía ser asistida en todo momento y en todo lugar, y que debía ser atendida para todo. Al parecer, ellos la tomaban por una retrasada mental con parálisis en todo el cuerpo y en estado de coma o algo parecido.

Y cuatro minutos después que sus padres se había ido ya, la chica se acercó a Joshua, quien ya tenía la escoba en sus manos y había comenzado a limpiar el piso después de haberse presentado; de manera muy sensual y provocativa le pidió ella a él que se quitara la máscara, que cerrara los ojos y que abriera la boca, a lo cual accedió por obvias razones. Y la chica le colocó una mordaza de bola roja, cuya bola era tan grande que la boca de Joshua estaba abierta a su máxima capacidad. Sale sobrando decir que esto comenzó a excitar sexualmente a Joshua.

Y Él continuó haciendo su trabajo hasta que aquella chica volvió a acercársele tres minutos después para pedirle que lo acompañara a su habitación, a lo cual accedió silenciosamente.

Y antes que Joshua la siguiera para acceder a su petición, la chica vendó los ojos de Joshua con un pañuelo semejante al suyo, pero de color rojo. Sobra decir que esto encendió tanto a Joshua como a la chica. Ninguno de los dos creía lo que estaba sucediendo en esos momentos, pero eso no los distrajo ni los interrumpió. De este modo, la chica guió a Joshua hasta su desordenada habitación y lo sentó sobre su cama, donde sin cerrar la puerta comenzó a quitarle la ropa.

Primero le quitó los tenis y su chamarra de mezclilla. Luego le quitó la playera que traía puesta, y palpó y acarició su plano abdomen con el objetivo de excitar aún más a Joshua, consiguiendo no sólo eso, sino que además él tuviera muchas cosquillas. “Me gusta hacerte cosquillas” le murmuró al oído ella a él, mientras él intentaba respirar sofocado por la mordaza y la risa provocada por esas intensas cosquillas.

Y luego ella procedió a quitarle el sostén relleno que traía puesto, dejando desnudo su pecho para acariciarlo de la misma manera que a su vientre. También comenzó a chupar y succionar sus tetillas y a acariciar su espalda. Y Joshua, sexualmente excitado, no podía contener la risa causada por las cosquillas, provocadas por las manos de aquella chica al hacer contacto con su piel.

Y después ella le quitó su minifalda , revelando que Joshua traía puesto un par de medias negras translúcidas y “de cuadritos" sujetas con liguero y unos coquetos calzones en forma de tanga que hacen juego con el sostén que ella le quitara, donde traía bien escondido aquello que lo hace ser de sexo masculino. Era evidente que aquella parte de su cuerpo estaba poco a poco revelando su ubicación conforme la chica le quitaba la ropa y acariciaba sus finas y esbeltas piernas, que al igual que el resto de su cuerpo (del él) eran lampiñas y del color del chocolate amargo.

Y la chica, palpando el suelo con sus manos hasta hallarlo, tomó un zapato de Joshua y le sacó velozmente la agujeta, la cual  utilizó para hábilmente amarrar las manos de Joshua tras su espalda de manera firme y muy cómoda y excitante para ambos.

Y ya estando atado, ella procedió a retirar el liguero de Joshua para de este modo quitarle las medias que traía puestas, a la vez que le acariciaba delicadamente cada una de sus piernas con la meta de mantenerlo excitado, lográndolo. Ya sólo quedaban los calzones, por lo que ella, luego de quitarle las medias y el liguero, palpando en el suelo hasta encontrarlo, tomó un largo trozo de tela blanco que también estaba tirado en el suelo y lo dobló hasta reducir su ancho hasta aproximadamente treinta centímetros. Y luego de eso, abriendo las piernas de Joshua, con su boca ella le quitó los calzones a la vez que para sostenerse usaba las piernas de aquél. Y lo que caracteriza como macho de su especie a Joshua salió a la luz, erecto y firme, y listo para ser usado. Y luego de esto, procedió velozmente - palpando en el suelo hasta encontrarlo - a sacarle la agujeta al otro zapato de Joshua para con superior velocidad e increíble agilidad atar los pies de Joshua de tal forma que éstos quedaran cruzados y que sus piernas quedaran lo más abiertas posibles, consiguiéndolo.

Y la chica en ese momento se puso de pie (puesto que estaba agachada mientras estuvo atendiendo y preparando a Joshua)  y se presentó elegantemente en su idioma nativo: “Mi nombre es Yaocihuatzin, que significa ‘Mujer Guerrera’ en nahuatl, el idioma de mis padres y de mis ancestros que también son tus ancestros. Eso lo sé porque es lo que tu cuerpo me dice. Te he capturado como mi prisionero en esta guerra que llaman «Vida», y has sido vencido por ésta y por mí. Serás sacrificado y consagrado en mi honor, y dedicarás el resto de tu vida - o hasta donde la circunstancia lo permita - a una sola cosa: A mí. Tu nombre no será más, y no poseerás uno sino hasta que yo te lo asigne. Aceptarás incondicionalmente todo lo que te ordene y permitirás que yo te haga lo que yo desee, sin rebelarte”. Joshua, terriblemente excitado, simplemente asintió con la cabeza. E inmediatamente después la chica se abalanzó sobre él e introdujo aquello propio de los hombres que Joshua posee en su boca, y lo succionó y lo lamió lo más posible. Esto provocó que Joshua, sexualmente excitado ya, emitiera gemidos propios de una chica, denotando con ello el placer que le produce el recibir sexo oral. De esta forma, Yaocihuatzin hizo suyo a Joshua.

Y trece minutos más tarde, la chica consiguió que Joshua expulsara aquello - que no es orina - que sale de cierto órgano cuando a éste se le trata fogosa y apasionadamente. Pero antes de eso, ella se hizo a un lado para no mancharse con aquello. Y él no pudo evitar el emitir gemidos en respuesta a toda aquella acción que Yaocihuatzin hiciera en su cuerpo. Se escuchaba igual que una chica puberta que hacía esa clase de cosas por primera vez.

«Y ten cuidado, porque ahora te daré algo muy especial», dijo ella. Y se la pasó buscando durante cuatro o cinco minutos cierto objeto: Un plug de metal enorme, cromado y con una larga, gruesa y frondosa «cola de caballo» en la parte que va por fuera del cuerpo. Debo admitir que una chica ciega y semidesnuda luce muy sexy cuando ella se agacha y se levanta y cambia de posición, y va tocando todo con sus manos tan especiales luego de haberse pasado las cosas que recoge por su abdomen, muslos y pechos. Sí, lo digo por la manera en la que sus enormes y bonitos pechos se mueven, por la manera en la que su cintura y espalda se contorsionan de manera muy provocativa, por las diferentes posturas que adquiere y a pesar de ello su trasero tan firme conserva su forma y en general por su forma tan singular de moverse, semejante a la de alguna indefensa larva sobre una superficie perjudicial para ésta.

Yaocihuatzin tomó a Joshua y lo volteó, y lo acomodó de tal forma que su trasero queda erguido hacia arriba. Y luego, la chica tomó el plug y lo enterró en la parte de Joshua donde no le da el sol, en aquella donde el sistema digestivo del ser humano finaliza. Esto provoca que Joshua lanze un grito ahogado que es mezcla de dolor y excitación al mismo tiempo. Luego la chica regresa a Joshua a su posición anterior.

Y luego de que Yaocihuatzin buscara por toda la habitación, tomó un largo, muy largo trozo de tela blanca (de entre veinte y treinta centímetros de ancho por tres metros de largo) con el cual, luego de darle sexo oral a Joshua otra vez durante otros siete minutos hasta obtener el mismo resultado que el anterior (Y limpiando a Joshua con un pedazo de papel sanitario que también estaba tirado en el suelo), comenzó a vestir a Joshua enredando dicho lienzo de forma muy curiosa. Ella hizo un taparrabo tal como los utilizados por sus ancestros, y lo ha anudado por delante de Joshua, haciendo pasar aquel lienzo alrededor de la cola del plug. Parecía en ese momento que Joshua nació con esa cola. Se ve extraño, pero muy lindo.

Y a continuación la chica desata los pies de Joshua, y se lo lleva hacia la sala de la casa. Es ahí donde lo hace hincarse para ponerle un collar que está colgado en un clavo en la pared. Es un collar como el usado por los perros, pero lleno de adornos metálicos, y de color rojo. Al parecer, se trata de un collar diseñado exclusivamente para esta clase de juegos. La chica se lo pone y lo ajusta lo más posible. Ese collar se cierra con un candado y una llave, la cual Yaocihuatzin utiliza para ello. De este modo, la chica procede a llevarse a su esclavo al patio.

Y ya en el patio, en el jardín, atrás de la casa, Yaocihuatzin encuentra una cadena gruesa y pesada, la cual enlaza al collar de Joshua. La cadena es corta (no pasa del metro de longitud), y por ello la chica decide divertirse con Joshua jalándolo bruscamente mientras lo lleva de nuevo al interior de la casa. Y ya estando dentro, la chica jala bruscamente a Joshua hacia sí para esta vez abrazarlo, acariciarlo y besarlo sobre la mordaza. La excitación sexual le provoca a Joshua escalofríos característicos.

Y se lo lleva de nuevo al interior de su habitación. Y le dice «Espero que lo estés disfrutando, porque lo que haré a continuación va a durar tres días». Joshua no opuso resistencia a lo siguiente:

Yaocihuatzin dio con un grueso carrete de cinta de aislar plateada, el cual utilizó para con él envolver a Joshua como si lo estuviera «momificando», iniciando por sus pies. Envolvió cada uno de ellos por separado, y luego los envolvió los dos juntos. Lo mismo hizo con las piernas hasta la parte en la que éstas se unen a la cadera. Y con gran habilidad, la chica procedió a envolver a Joshua unos cuantos milímetros a partir de donde se encuentra aquello que lo convierte en macho, sin desatar el taparrabo que le hiciera hace unos momentos. Envolvió todo su vientre y pecho sentándolo y recargándolo sobre sí. Y aunque eso fuera muy incómodo puesto que Joshua estaba sentado sobre la larga cola del plug, no opuso resistencia y se aseguró de disfrutarlo al máximo. Luego la chica comenzó a envolver cada uno de los brazos, primero por separado y luego los dos juntos, y luego estando así, los unió a la espalda de Joshua con otra capa de cinta. Y de manera asombrosa la chica envolvió las manos de tal forma que al finalizar con ellas, aparentaban ser simples muñones. Al final, Yaocihuatzin se las ingenió para colocarle de nuevo la máscara a Joshua sin quitarle la mordaza.

Y ya estando así, la chica agarró a Joshua y lo acostó boca abajo sobre su cama, y comenzó a manosear y azotar sus glúteos con la palma de su mano como si se tratara de masa para tortillas. Eso hizo durante quince minutos seguidos. Joshua se estaba retorciendo, y de este modo detectó la chica la excitación sexual en él, a lo cual ella bajó el taparrabo de Joshua sin deshacerlo y se dispuso a succionar y lamer aquello de Joshua. Pero como aquello ya estaba muy utulizado aquel día, a Joshua eso no sólo lo excitó aún más, sino que también le provocó cierto dolor que se aseguró de disfrutar con cada pasada que Yaocihuatzin le daba con su boca. En tres minutos se dilató él en sacar aquello que no es desecho orgánico por ya saben dónde, el cual la chica estaba manipulando con su boca y lengua. Ella se hizo a un lado para no ensuciarse con eso, con otro pedazo de papel sanitario se lo limpió a Joshua cariñosamente para que él incluso eso disfrutara, y volvió a colocarle su taparrabo en su lugar correspondiente.  Al final, lo acostó de nuevo boca abajo sobre su cama...
* * *

Ya habían pasado varias horas luego de aquello tan divertido y excitante. Sobre la cama estaban ella y él, vestidos con lo mismo con lo que te los describí la última vez. Yaocihuatzin tenía consigo las cosas de Joshua. Estaba escuchando con sus audífonos la música de uno de sus cassettes en su reproductor portátil, y ya se había comido cinco de las siete manzanas que a Joshua le quedaban. Estaba ella comiendo a la vez que se acariciaba su seno derecho cuando de pronto Joshua comenzó a retorcerse y a gemir. Yaocihuatzin obviamente no lo vio pero sí lo sintió moverse. Vio que no dejaba de retorcerse y dedujo que lo que él quería era ir al baño. Mas como no podía levantarlo y como tenía aún puestos el collar y la cadena, ella, luego de levantarse de la cama, lo arrastró hacia el baño. Y contrario a lo que ustedes creen, ella, en vez de colocarlo sobre el retrete, se limitó sólo a ponerlo de pie en el área donde está la regadera (en España: en donde uno toma la ducha), a desatar su taparrabo y a sujetar por él aquello tan característico por donde él orina. Y en efecto, Joshua orinó. Quedó el bastante aliviado.

Sin embargo, la chica no lo volvió a vestir inmediatamente. Ella estaba detrás de él, metiéndose la mano derecha en aquello propio de las mujeres y acariciándose el seno derecho con su mano izquierda para su propio deleite. Al mismo tiempo, le dijo a Joshua que lo que la estaba excitando era no sólo el estarse manoseando lo suyo sino también lo que él sentía en esos momentos. Le dijo también que así se sentía ella en situaciones donde necesitaba ver y no podía, y que si él no estaba dispuesto a atender también las necesidades de su ahora dueña y señora, lo dejaría amarrado así indefinidamente puesto que no sólo para jugar con él lo había llegado a poseer. Le preguntó si había entendido, a lo cual Joshua asintió con la cabeza.

La chica estuvo tocándose todo su cuerpo de esa manera tan libidinosa y provocativa durante una hora hasta sufrir un largo orgasmo. Joshua ya se había quedado dormido de pie y recargado sobre una pared del baño, pero lo despertó el curioso gemido de su dueña, semejante a un maullido. Fue entonces cuando ella se acordó de él, y le puso el taparrabo de nuevo. Lo hizo echarse boca abajo en el suelo y lo arrastró hacia su habitación. Allí ella lo cargó y lo puso de nuevo sobre la cama, y luego ella se acostó. Como era una noche calurosa, si acaso medio se cubrió ella y lo cubrió a él con una delgada sábana. De este modo, y abrazada a él, se quedaron dormidos...

* * *

Y ambos estuvieron dormidos durante dos días y medio, despertando en algunas ocasiones sólo para o ir al baño ella o llevarlo a él a orinar. Y al tercer día, en la mañana, Yaocihuatzin despertó por completo gracias al ahogado llanto de Joshua, quien se estaba retorciendo. Ella dedujo que ya habían pasado los tres días, y que él necesitaba defecar. Y velozmente ella se levantó, y arrastró a Joshua al baño. Y justo antes de sentarlo en el retrete, retiró el plug que Joshua tenía de un jalón. Ella salió corriendo y cerró la puerta. Y mientras Joshua descargaba sus desechos, ella se desnudó por completo y se dispuso a manosearse los senos y lo suyo propio que la caracteriza como hembra de su especie. Y olvidándose de Joshua otra vez estuvo así ella por un poco más de na hora hasta que otro gran orgasmo le llegó. E inmediatamente después, se acordó de Joshua, y desnuda entró al baño. Sale sobrando decir lo que ella hizo con lo suyo de él antes de volver a colocarle el plug y arrastrarlo de nuevo hacia su habitación, no sin antes lavarse ella las manos y el plug minuciosamente.

«Así como te sentías, así me siento yo cuando quiero hacer algo que no puedo hacer porque no veo. No quisiera desatarte, pero tanto tú como yo tenemos hambre, y necesitamos comer, además de que tú tienes que limpiar la casa y recoger el desorden. Si no me haces de comer en este momento, te dejaré amarrado indefinidamente, pero si me haces de comer y me das de comer en la boca, te daré todo el sexo oral y arrumacos que quieras, dejaré que me veas desnuda, y que me hagas eso que me quieres hacer. ¿Qué opinas?» le dijo ella a él, a lo cual él asintió con la cabeza. Ella no pudo ver ese movimiento pero supuso correctamente que él estaba de acuerdo.

De este modo ella comenzó lentamente a desenvolver a Joshua. Y luego, desató sus manos. Y la chica colocó las manos de Joshua sobre sus pechos, sin que él opusiera resistencia puesto que Joshua se percató que estaba tocando senos desnudos, pero por temor y precaución, dejó inmóviles sus manos. La chica le dijo «Vamos, qué esperas; diviértete con ellos. De todas maneras, son tan míos como tú», a lo cual Joshua reaccionó acariciando suavemente dichos senos. No le quitó la mordaza, pero sí le quitó la venda de los ojos y le ordenó que los abriera lentamente para no lastimarse, lo cual él hizo. Y gigantesca fue su sorpresa al ver frente a sí a una chica ciega y desnuda, a la cual le estaba tocando los senos a la vez que ella se tocaba lo suyo propio de las mujeres con sus dos manos. «Sé que te gusto. Demuéstramelo», le dijo ella a él. Y él le contestó rodeándola por detrás con sus brazos y acariciando gentilmente sus pechos y su vientre, mientras que ella no dejaba de tocárselo.

Y así permanecieron ambos por veinte minutos hasta que ella sufrió otro gran orgasmo de nuevo. Luego de eso, ella se recargó sobre él, se dio media vuelta y le susurró al oído que la llevara a la sala, que le trajera el reproductor de cassettes porque lo que estaba escuchando le encantó, y que preparara algo de comer inmediatamente con todo lo que pudiera encontrar a la mano. Y así lo hizo él...

Y luego de una hora, cuando la comida estuvo lista, se acercó Joshua hacia su dueña, la tomó gentilmente por su mano izquierda, dando a entender con ello que ya estaba listo lo que ella le había encargado. Yaocihuatzin se puso de pie, y Joshua la condujo hacia la cocina para lavarle las manos y para servirle de comer, puesto que el comedor también es parte de la cocina. Le sirvió un gran plato de caldo de pollo con arroz, la sentó en la mesa y le dio de comer en la boca con una cuchara hasta que terminó de comer.

Y luego de servirle cuatro platos y alimentarla, Yaocihuatzin le pidió a su esclavo que se le acercase para quitarle la mordaza. Joshua estaba sorprendido por ello. Ella lo hizo porque posteriormente le ordenó que era libre en ese momento para comer, y que podía comer todos los platos que quisiera de aquello que había preparado. Y él se dispuso a comer, y comió seis platos de lo mismo que su dueña después de haberse servido y de haber sido atado a la silla por su dueña cada vez que volvía allenar su plato.

Y al finalizar aquella tarea, la chica sorpresivamente abrió la boca de Joshua y le volvió a poner la mordaza; él no opuso ninguna resistencia. Y luego su dueña le ordenó que limpiara y ordenara toda la casa, ahora que tenía energías. Y así lo hizo, tardando cinco horas en ello puesto que el desastre era terriblemente catastrófico.

Ya eran como las siete de la noche. Y la chica le ordenó a Joshua que preparara todo aquello que es necesario para bañarse. Y luego de una hora todo estuvo listo. Ella le ordenó a Joshua que sería él quien la asearía, y que si lo hacía bien, ella lo ayudaría a bañarse, pero que sólo ella escogería lo que ambos vestirían, y que como era una noche calurosa, probablemente decidiría que ambos permanecerían desnudos. De este modo y según sus órdenes, ella fue aseada por Joshua. Y a pesar de que Joshua observara el hecho de que Yaocihuatzin había nacido sin ojos ni párpados (sólo con las cejas) y que en su lugar habían unos como muñones diminutos semejantes a verrugas, ambos disfrutaron mucho dicha actividad puesto que a la vez que él lo hacía, ambos se excitaban el uno al otro y viceversa.

Y luego llegó el turno de Joshua para ser aseado. La chica fue quien retiró el plug y la mordaza de Joshua. Allí estuvo ella presente mientras él se bañaba, pero a Joshua eso ni siquiera le importó y no sólo por razones obvias, sino porque era la primera vez que él estaba desnudo con una chica, divirtiéndose y retozando como muy pocos suelen hacerlo. La chica se entretuvo muchísimo lavando el largo cabello de Joshua, del mismo modo que Joshua se divirtió mucho depilando ciertos lugares en su dueña que no se pueden mencionar abiertamente. Además, hubo muchas ocasiones en las que ambos estuvieron por debajo del agua de la regadera abrazándose y haciéndose arrumacos mutuamente a la vez que se aseaban cuidadosamente. Parecieran comunicarse sin necesidad de palabras lo que en esos momentos sentían entre sí uno por el otro y viceversa.

Y cuando ambos terminaron, ella decidió que ambos permanecerían desnudos en el baño otro buen rato. Ella volvió a ponerle a Joshua su plug y su mordaza, y luego decidió que era hora de jugar a estimularse sexualmente de nuevo. De este modo, la chica le cumplió su promesa de darle a Joshua todo el sexo oral que quisiera, y de dejarlo mirarla completamente desnuda y con su largo cabello suelto. Antes de taparle la boca a Joshua, ella le preguntó en su idioma nativo su opinión con respecto a sus malformaciones, a lo cual él contestó que «no hay nada perfecto en este mundo, y que él es el menos indicado para exigir perfección puesto que no la posee, pero que su dueña es lo más cercano a ello en términos físicos». Dicha opinión, así como su comportamiento, le valieron a Joshua todos los mimos dados por parte de Yaocihuatzin a su cuerpo y a su mente. Ambos permanecieron dos horas dentro del baño, desnudos y consintiéndose uno al otro hasta que sus cuerpos y cabellos estuvieron completamente secos, y luego de que sus desnudos cuerpos se aclimataran.


Y ella decidió que ya era hora de cenar para después acostarse a dormir. Tanta diversión y ocio la habían cansado, irónicamente. Joshua estaba cansado también, pero en el sentido de haber él puesto en orden todo el interior de la casa. Yaocihuatzin trenzó habilmente el cabello de Joshua, y se recogió el suyo propio con el pañuelo que también usa como venda para simular que ha cubierto sus ojos (se ha aclarado que no los posee) a manera de «cola de caballo». Ambos salieron desnudos del baño. Joshua sentó frente a la mesa a su dueña, y sirvió leche que encontrara en buen estado, en el refrigerador. Él se la dio a beber en un vaso, y luego ella le permitió cenar también después de haberlo amarrado a la silla dejando libres sus brazos y manos. Suerte, y mucha, tuvo Joshua de encontrar pan en la casa que se pudiera comer, además de chocolate con crema de avellanas untable. Así, mientras la chica era deleitada y atendida como nunca antes, Joshua tenía una cena decente como no la había tenido en años. Decente y divertida, debo decir.


Y al final, antes de acostarse a dormir, Joshua condujo a su dueña hasta el baño una vez más, pero esta vez para lavarle los dientes. Luego, ella permitió que él se lavase sus propios dientes. Luego él la llevó a su cama, la acostó y la arropó con la sábana. Y permaneció de pie frente a ella por un minuto. Y ella, recordando que Joshua también necesitaba descanso, le dijo que se acostara con ella. También le aclaró el hecho de que lo necesitaba para no sentirse sola y para no caerse de la cama, ya que no puede ver el borde de ésta y su pesado sueño a veces la hacía caerse. De este modo, ella se hizo a un lado para que él pudiera acostarse, y una vez que él se había acostado, ella lo abrazó fuertemente y se pegó a él lo más que pudo, como haciendo de cuenta que él es un oso de peluche o algo por el estilo. A Joshua esto le excitó mucho, pero estaba muy cansado como para corresponder el gesto y sólo se acurrucó más en ella. La chica puso los brazos de Joshua alrededor de sí dando a entenderle que él tambien podía abrazarla. Y así lo hizo. De este modo, se quedaron dormidos.

Y esa es pues, la descripción de la rutina diaria de Joshua y su dueña. Y las comidas y el agua se resolvieron por sí solos, puesto que los padres de la chica eran muy, muy ricos, pero querían vivir de incógnito en aquella casa. Así que, gracias a las instrucciones de la chica y siendo acompañado por ella, Joshua, siendo Josie, salía con su dueña a reabastecer la despensa y a conseguir todo lo necesario para una vida decorosa, de forma exitosa y sin cometer errores. De este modo, la chica se dio cuenta que su esclavo era un amo de casa perfecto. Aparte que, aunque a él se le hacía raro tener que llevar a una chica ciega delante de sí y armada con uno de esos palos rojos con los que los ciegos se guían (el cual a veces usaba para defenderse), vestida apenas con un "short", unos tenis y una camiseta sin mangas que dejaba descubierto su musculoso y plano vientre (todo de color negro) como si el inválido fuera él, disfrutó mucho sus salidas, y más aún siendo verano, su época favorita debido a que la vegetación lucía más viva que nunca y a cómo quedaba el ambiente después de la lluvia que la chica adoraba bajo la cual se colocaba casi siempre desnuda - porque para ella, era como si pudiera ver; ella era una especie de "DareDevil", pero a la mexicana - y porque eran más oportunidades para Joshua de verla desnuda aunque él también tuviera que mojarse.

Y es obvio que, como premio, la chica se llevaba a su esclavo a pasear a varios lugares. A Joshua le sorprendió mucho descubrir que su dueña era capaz de nadar, de correr, de saltar y hasta de escalar casi sin necesidad de guías, y también le encantó aquella vez que ella le ayudó a superar su miedo al agua y le enseñó a nadar (con excitación sexual de por medio).
Y a la chica le sorprendió mucho el descubrir que era capaz de escribir usando teclados o la cosa ésa de escribir Braille su propio idioma nativo (porque entre ellos hablaban sólo en nahuatlaca, casi sin nada de español), y por lo tanto, de leer. Sus padres jamás la llevaron a una escuela, y ella rara vez salía de su casa. Por eso Joshua, quien conoció el Braille una vez a sus ocho años cuando una fuerte infección en los ojos lo dejó ciego por tres meses, le enseñó todo lo que él sabía, lo cual era bastante. A Yaocihuatzin le sorprendió igualmente el hecho de descubrir que su preciada posesión era un genio superdotado, pero que por haber sido rechazado en todas partes, su vida terminó siendo miserable. Lo curioso es que la lástima nunca pudo con ella, y lo seguía tratando como a un objeto de placer. Joshua le leía cuentos a su dueña casi todas las noches y ella, como recompensa, le daba sexo oral todos los días. 

Y transcurrieron seis meses antes que los padres de la chica regresaran...



-2-

Y el otoño conquistó al hemisferio norte del mundo llamado Planeta Tierra cuando regresaron los simplones padres de la sensual chica ciega dueña de aquel esclavo por accidente, derribando las indefensas hojas de los inocentes árboles, y arrastrando al sol hacia el sur, provocando una ligera disminución en la temperatura del ambiente y con ello asesinando al glorioso verano, cuyos rastros apenas eran perceptibles aún. La llamada telefónica anunciando su regreso un día antes puso en alerta a la chica, quien dio instrucciones a su esclavo de permanecer vestido como chica todo el tiempo que ellos permanecieran allí, y que los juegos sexuales tendrían que esperar, pero que de todas formas él le seguía perteneciendo a ella.

Y habiendo llegado aquellos fulanos en la mañana, gigante fue su sorpresa al ver su casa tan bien arreglada y a ser recibidos por Josie justo a tiempo para el desayuno. Nunca antes ellos, en ninguno de los hoteles o restaurantes a los cuales habían ido, ni ninguno de los padres de ambos habían cocinado de aquella forma tan exquisita, digna de un chef de cinco estrellas, como lo solía hacer Joshua. Ninguno de ellos había conocido nunca un "corte de caja" tan impecable como el que realizó Joshua para comprobar que era digno de confianza y que no tomó ni un centavo demás para sí mismo. Ninguno de ellos había conocido persona que los tratara como a emperadores en su palacio, ni con tanto respeto, ni mucho menos alguien que le cumpliera todos los caprichos a su hija de la manera en la que ella lo deseaba. En su pobre español, ellos intentaron expresarle a Joshua que ya era él digno de confianza y que tenía derechos como si fuera él su hijo de ellos y que se considerara como uno, pero él les contestó en perfecto nahuatlaca que estaba agradecido y que él no trabajaba tanto por el dinero, sino por el gusto de servir a alguien digno de ser servido, además de tener un lugar tan bonito para vivir como lo era su casa. Incluso Joshua se dignó en atenderlos igual de bien que a su hija - sólo le faltaba darles de comer en la boca, asearlos y vestirlos - durante los seis días que permanecieron en la casa. Y cuando tuvieron que marcharse de nuevo, él mismo les preparó todo lo necesario para ello.

Sin embargo, por las noches, cuando estaba en su cuarto que también era el cuarto de su dueña, ésta última solía preguntarle a su esclavo si él la quería, a lo cual él contestaba que sí, porque ella era especial en todos los sentidos. También le preguntaba si él deseaba pasar el resto de su vida con ella en aquella casa, a lo cual siempre constestaba que sí, y que lo amarrara si fuera necesario. Pero la última noche que sus padres estuvieron en la casa, ella le preguntó qué sentía por ella. Él, como estaba vestido de chica, sin trabajo alguno le contestó que estaba enamorado y que aunque fuera él su esclavo también le gustaría ser su marido. Esa noche ella lloró sin lágrimas - porque no tenía cómo producirlas - abrazada a él. Y llorando le dijo "Ha terminado tu periodo de prueba. Ya no serás mi esclavo, pero seguirás siendo total y completamente mío, y me deberás obediencia en todo momento y en todo lugar".

Y sus padres partieron a la mañana siguiente, pero esta vez lo hicieron de manera ordenada, puesto que gracias a Joshua, estuvieron ellos a tiempo...

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